Toda educación es valiosa en sí, según como sus fines y propósitos la precisen, pero también como el educando la estime. En el caso de la enseñanza teológica me atrevo a decir que es una de las formaciones con más desafíos que bondades en nuestras realidades, al menos en lo que me ha tocado vivir, pero las bondades, ofrecida su eficacia al conocer el mensaje de salvación –Jesús–, es lo que me ha dado la formación esencial para estar en el camino de búsquedas y respuestas ante desafíos.

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