Por Cindy Alpizar y Marco Güete
20 de abril 2026
Presentación CITA
Ética de la paz y el papel de las instituciones anabautistas en un mundo en guerra
“Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios.”
Mateo 5:9, Reina-Valera 2015
I. Fundamento bíblico y teológico de la paz
Jesús es proclamado como Príncipe de Paz (Isaías 9:6). Sus enseñanzas, especialmente en el Sermón del Monte, llaman a amar al enemigo, rechazar la violencia y vivir una paz activa. Jesús no solo enseña la paz, sino que la encarna en su vida.
II. Contexto histórico del primer siglo
Tras la muerte de Herodes el Grande (4 a.C.), su reino fue dividido entre sus hijos bajo la supervisión del Imperio Romano. Judea pasó posteriormente a control directo romano, con prefectos como Poncio Pilato.
Este contexto estaba marcado por opresión política, presencia militar y fuertes expectativas mesiánicas. Surgieron diversas respuestas: resistencia violenta (zelotes), adaptación religiosa (fariseos) y colaboración con Roma (saduceos). En medio de esta tensión emerge Jesús con un mensaje radical de paz.
III. Jesús frente al poder y la violencia y como Príncipe de Paz
El título mesiánico (Isaías 9:6) se expresa en la vida y enseñanza de Jesús:
- Bienaventurados los pacificadores (Mateo 5:9)
- Amor al enemigo (Mateo 5:44)
- Rechazo de la violencia (Mateo 26:52)
Jesús no solo enseña la paz, sino que la encarna como una alternativa al conflicto y la violencia.
A diferencia de otros grupos de su tiempo, Jesús no adopta la violencia ni legitima el poder imperial. Su camino es el del amor, el servicio y la entrega. Como señala John Howard Yodar, su vida representa una alternativa radical basada en el Reino de Dios.
IV. La cruz y la revelación de la paz
La crucifixión revela que la paz de Dios no se impone por la fuerza, sino que se vive en amor sacrificial. Cristo vence no destruyendo, sino reconciliando.
V. Interpretación anabautista
La tradición anabautista afirma el seguimiento de Cristo como centro de la vida cristiana (Harold S. Bender), la no violencia como forma de discipulado y la iglesia como comunidad visible de paz. La paz no es solo doctrina, sino una práctica encarnada en la vida comunitaria.
VI. El mundo actual y el desafío de la paz
Vivimos un momento histórico particularmente delicado. El mundo presencia conflictos armados en múltiples regiones, incluyendo la guerra entre Rusia y Ucrania, conflictos en África, la situación en Gaza desde 2023 y la escalada de tensiones desde 2026 entre Estados Unidos, Israel, Irán y Siria. La violencia afecta no solo estructuras militares, sino también poblaciones civiles y el tejido social.
En medio de este escenario surge una pregunta urgente: ¿Cómo respondemos fielmente al evangelio de la paz en un contexto de guerra real? El Shalom de Dios implica transformación integral: del pensamiento, las actitudes, las relaciones y las estructuras, orientadas hacia la justicia y la reconciliación.
VII. El papel de las instituciones anabautistas
La tradición anabautista afirma que seguir a Jesús implica rechazar la violencia, practicar la reconciliación y vivir una paz activa. Sin embargo, este contexto nos confronta con tensiones: algunos justifican la guerra, otros guardan silencio y otros reaccionan desde la polarización.
Por ello, es necesario discernir: ¿Estamos formando pacificadores o solo líderes funcionales? ¿Somos espacios de sanidad o reproducimos dinámicas de conflicto?
Existe una diferencia clave entre pacificar y silenciar. Pacificar implica transformar el conflicto; silenciar implica evitarlo. La paz del evangelio no silencia, transforma.
En este contexto, necesitamos líderes con discernimiento, valentía, formación y humildad. Más que enseñar sobre la paz, nuestras instituciones están llamadas a encarnarla.
VIII. Preguntas para la discusión
¿Cómo debe responder una institución anabautista ante la guerra actual?
¿Qué tipo de paz estamos formando en nuestras instituciones?
¿Estamos formando pacificadores o solo líderes funcionales?
¿Estamos sanando heridas o reproduciéndolas?
¿Cuál es la diferencia entre pacificar y silenciar?
¿Qué tipo de liderazgo requiere este momento?
¿Qué prácticas institucionales contradicen el evangelio de la paz?
Pregunta de cierre
¿Cómo pueden nuestras instituciones ser una señal visible del Reino de Dios en medio de un mundo en guerra?
“La paz es uno de los bienes más preciados y anhelados, pero también uno de los más frágiles y amenazados.”
— Juan José Tamayo